Después de la cosecha, las preguntas empiezan a centrarse en la próxima campaña. ¿Qué funcionó? ¿Qué no dio los resultados esperados? ¿Dónde conviene invertir en insumos el próximo año? ¿Y qué información puede aportar el suelo para tomar esas decisiones?
El muestreo de suelo en otoño puede ayudar a responder algunas de estas preguntas. Sin embargo, aunque los análisis físicos y químicos aportan información fundamental, hay otra parte del sistema que muchas veces resulta más difícil de observar: la biología del suelo.
Comprender esta dimensión biológica permite conocer mejor los procesos de ciclado de nutrientes, los riesgos de enfermedades y la salud general del suelo. Hoy, el análisis de ADN del suelo permite estudiar esta dimensión y sumar información biológica a la toma de decisiones agronómicas.
Sí. El otoño es un buen momento para realizar análisis de suelo, ya que permite evaluar las condiciones del campo después de la campaña y recopilar información para planificar la siguiente.
Si el muestreo de suelo ya forma parte de tus actividades de otoño, también es una oportunidad para ir más allá de los análisis convencionales. Incorporar un análisis biológico puede ayudarte a comprender mejor el funcionamiento del microbioma del suelo y sumar información específica de cada campo a los datos que ya utilizas.
Por ejemplo, con BeCrop®, una sola muestra de suelo puede aportar información sobre el ciclado y la disponibilidad biológica de nutrientes, los riesgos de enfermedades, el biocontrol natural, las funciones microbianas relacionadas con el crecimiento de las plantas y la adaptación al estrés, la biodiversidad y la salud biológica general.
El valor no está únicamente en saber qué microorganismos están presentes, sino en comprender qué funciones pueden desempeñar en el suelo y utilizar esa información para tomar decisiones sobre fertilización, protección de cultivos, insumos biológicos y otras prácticas de manejo.
La cosecha marca el final de una campaña y el comienzo de la planificación de la siguiente.
Los productores evalúan el rendimiento de sus campos y deciden dónde puede ser necesario invertir en fertilizantes, protección de cultivos, insumos biológicos, semillas y otros recursos.
Estas decisiones tienen un impacto económico importante. Según la encuesta Global Farmer Insights Survey 2026 de McKinsey, el aumento de los precios de los insumos fue uno de los principales riesgos para la rentabilidad identificados por productores de Norteamérica y Europa. Entre los encuestados europeos, el 58 % incluyó el aumento de los precios de los insumos entre sus tres principales riesgos para la rentabilidad, seguido de la volatilidad de los precios de los productos agrícolas (40 %) y los fenómenos meteorológicos extremos (37 %).
Cuando cada insumo debe justificar su lugar en el presupuesto, también importa la información que respalda esas decisiones. Por eso, el muestreo de suelo en otoño resulta tan útil: permite recopilar información sobre el campo antes de tomar las próximas decisiones de manejo e inversión en insumos.
Pero analizar el suelo no consiste únicamente en determinar qué es necesario agregar. También implica comprender el sistema que estamos manejando. Y ese sistema tiene componentes físicos, químicos y biológicos.
Los análisis tradicionales de suelo proporcionan información fundamental para la toma de decisiones agronómicas. Las mediciones de nutrientes, pH, materia orgánica y otras características del suelo ayudan a productores y agrónomos a comprender el entorno en el que se desarrollan los cultivos.
Pero el suelo también es un ecosistema vivo. Las bacterias, los hongos y otros microorganismos participan en procesos que influyen en la transformación y el ciclado de nutrientes, la interacción de las plantas con su entorno, la descomposición de la materia orgánica y las relaciones entre las comunidades microbianas y los posibles patógenos.
Medir qué elementos químicos están presentes en el suelo y comprender qué sucede desde el punto de vista biológico son dos aspectos relacionados, pero no son lo mismo.
Pensemos en los nutrientes. Saber que un nutriente está presente es importante, pero los microorganismos también participan en su transformación y ciclado dentro del suelo. Por eso, conocer las funciones biológicas puede aportar información adicional a un análisis convencional de fertilidad.
Lo mismo ocurre con la protección de cultivos. Detectar un posible patógeno es útil, pero el desarrollo de una enfermedad depende de un sistema biológico mucho más complejo, que también incluye microorganismos beneficiosos asociados al biocontrol natural.
Por eso, el análisis biológico no reemplaza los análisis de suelo que los productores ya utilizan. Aporta otra parte de la información necesaria para comprenderlo.
El suelo alberga una enorme comunidad de microorganismos, cuya mayor parte no puede evaluarse simplemente observando el campo.
Los análisis modernos de suelo basados en ADN permiten estudiar ese microbioma con mucho más detalle. Pero identificar los microorganismos presentes es solo el primer paso. Para que esta información tenga valor agronómico, la pregunta más importante es qué funciones puede desempeñar esa comunidad microbiana.
Aquí es donde entra BeCrop® Test. A través del análisis del ADN microbiano, transforma la complejidad del microbioma del suelo en información de interés agronómico, ayudando a productores y agrónomos a evaluar funciones e indicadores biológicos que, de otro modo, serían difíciles de conocer.
El objetivo es sencillo: hacer medible la dimensión biológica del suelo para tomar decisiones con una comprensión más completa de lo que sucede bajo la superficie.
En lugar de limitarse a identificar microorganismos, BeCrop® Test analiza funciones e indicadores biológicos relacionados con el ciclado de nutrientes, el crecimiento de las plantas, la adaptación al estrés, los riesgos de enfermedades, el biocontrol natural, la biodiversidad y la salud biológica general.
Los resultados se comparan con la base de datos de microbiomas del suelo de Biome Makers, utilizando referencias específicas por cultivo. Esto permite identificar fortalezas biológicas y áreas con potencial de mejora en comparación con sistemas agrícolas similares.
Esto es importante porque comprender mejor cómo funciona la biología de tu propio suelo permite sumar información específica del campo a las decisiones que ya tomas.
Por ejemplo, BeCrop® Test puede ayudarte a explorar preguntas como:
Una sola muestra de suelo puede aportar información sobre cuatro dimensiones del microbioma y su potencial funcional.
BeCrop® Test proporciona información sobre las funciones microbianas asociadas al ciclado y la disponibilidad biológica de nutrientes, complementando los datos obtenidos mediante los análisis convencionales de fertilidad.
Esto ayuda a productores y agrónomos a comprender mejor el papel de la biología en la dinámica de los nutrientes al evaluar estrategias de fertilización y uso de insumos.
La presencia de un patógeno es solo una parte de la información necesaria para comprender el riesgo de una enfermedad.
BeCrop® Test identifica riesgos de enfermedades relevantes para el cultivo y proporciona información sobre microorganismos beneficiosos asociados al biocontrol natural. Analizar ambos aspectos permite tener una visión más completa de lo que puede estar ocurriendo bajo la superficie.
Esta información no reemplaza el monitoreo de cultivos, el diagnóstico de enfermedades ni el conocimiento agronómico. Es una fuente adicional de información que puede utilizarse junto con ellos.
El microbioma del suelo también contiene microorganismos con funciones relacionadas con el crecimiento de las plantas y su respuesta a condiciones de estrés ambiental.
BeCrop® Test permite evaluar estas funciones microbianas y ayuda a los productores a comprender mejor el entorno biológico en el que se desarrollan sus cultivos.
BeCrop® también evalúa el estado biológico general del suelo, incluida su biodiversidad y distintos indicadores de funcionalidad biológica.
Como los resultados se comparan con sistemas agrícolas similares, los productores pueden interpretar cada resultado dentro de un contexto, en lugar de analizar las mediciones biológicas de forma aislada.
En conjunto, esta información ofrece una visión del estado biológico del campo que complementa los datos físicos, químicos, agronómicos e históricos disponibles.
Fertilizantes. Insumos biológicos. Protección de cultivos. Semillas. Son muchos los gastos que compiten por un mismo presupuesto agrícola. La pregunta no es solamente qué productos se pueden aplicar, sino dónde tiene sentido invertir según las necesidades de cada campo.
Aquí es donde la información biológica del suelo adquiere especial valor.
Un productor que está planificando la fertilización de la próxima campaña puede necesitar más información sobre las funciones microbianas involucradas en el ciclado de nutrientes. Quien evalúa el riesgo de enfermedades puede beneficiarse de analizar no solo los patógenos presentes, sino también los microorganismos beneficiosos asociados al biocontrol natural. Y un productor que considera utilizar insumos biológicos puede querer conocer primero las fortalezas y posibles limitaciones biológicas que ya existen en su suelo.
BeCrop® no toma estas decisiones por el productor, y la biología no es el único factor que debe tenerse en cuenta. Lo que hace BeCrop® es permitir medir una parte del campo que antes resultaba difícil de observar, para que la información biológica también forme parte de las decisiones.
Esta diferencia es importante cuando los costos de los insumos son una preocupación. El objetivo no es agregar otro producto a la lista, sino contar con mejor información antes de decidir qué insumos realmente se necesitan.
El valor de los datos biológicos del suelo se entiende mejor cuando vemos cómo se utilizan en la práctica.
Un productor de maíz y soja de quinta generación de Estados Unidos trabajaba junto con su distribuidor agrícola local para tomar decisiones sobre el uso de insumos que favorecieran tanto el rendimiento de sus cultivos como la sostenibilidad de su explotación a largo plazo.
En lugar de aplicar una recomendación general para todos los campos, el distribuidor utilizó BeCrop® Test para comprender mejor la salud y las funciones biológicas del suelo e incorporar esa información en recomendaciones específicas para cada campo.
El caso de estudio registró cambios medibles tanto en el uso de insumos como en los resultados económicos.
| 20% | 10% | $108.18 | 4X |
| Reducción del uso de nitrógeno | Aumento de ingresos por acre | Ganancia neta por acre | Retorno de la inversión (ROI) |
El productor redujo un 20 % el uso de nitrógeno, lo que representó un ahorro de USD 34 por acre, y al mismo tiempo obtuvo un aumento del 10 % en los ingresos, equivalente a USD 110 por acre. En total, el caso documentó una ganancia neta de USD 108,18 por acre y un retorno de la inversión de 4x.
Después de tres años, el productor informó aumentos de rendimiento de entre 40 y 90 bushels.
Es importante aclarar que no todos los campos analizados con BeCrop® obtendrán estos mismos resultados. Las condiciones del suelo, los cultivos, las prácticas de manejo, el clima y los objetivos productivos varían de una explotación a otra.
Sin embargo, este caso muestra lo que es posible cuando un distribuidor incorpora información biológica específica de cada campo para respaldar sus recomendaciones sobre el uso de insumos.
BeCrop® permitió comprender mejor las funciones del microbioma del suelo. El distribuidor utilizó esa información para desarrollar recomendaciones para la explotación, y el productor pudo tomar decisiones más específicas sobre los insumos según las necesidades identificadas en sus campos.
Ese es el valor práctico de hacer medible la biología del suelo: convertir la información del microbioma en una herramienta adicional para la toma de decisiones agronómicas.
El manejo de nutrientes es solo un ejemplo de cómo la información biológica del suelo puede ayudar a tomar decisiones en el campo. La protección de cultivos es otro.
El manejo de enfermedades muchas veces requiere tomar decisiones antes de que aparezcan los síntomas. Los productores pueden necesitar elegir variedades o portainjertos resistentes, decidir dónde plantarlos, planificar el monitoreo o determinar qué campos requieren mayor atención.
Comprender lo que sucede bajo la superficie puede aportar información adicional para tomar esas decisiones.
Un productor de sandías de la región del norte de Florida y el sur de Georgia se enfrentaba a un problema concreto. Había encargado algunas plantas de sandía injertadas sobre portainjertos resistentes a Fusarium, mientras que el resto eran plantas sin injertar, susceptibles a la enfermedad.
La pregunta era sencilla: ¿qué campo presentaba un mayor riesgo de marchitez por Fusarium y dónde convenía plantar las variedades resistentes?
Para responderla antes de la siembra, el productor analizó una muestra compuesta de suelo de cada uno de los dos campos mediante BeCrop® Test.
La diferencia fue clara. En la muestra del Campo 2 no se detectó marchitez por Fusarium. Este resultado fue especialmente relevante porque, en el conjunto de datos de Biome Makers sobre sandía, Fusarium se detecta en algún grado en aproximadamente el 80 % de las muestras de suelo.
Al identificar un mayor riesgo de marchitez por Fusarium en el Campo 1, el productor pudo priorizar allí las plantas injertadas resistentes y destinar las plantas susceptibles sin injertar al Campo 2, donde no se había detectado la enfermedad.
En lugar de esperar a que aparecieran los síntomas, el productor incorporó información biológica del suelo a su decisión de siembra.
Detectar un patógeno es útil, pero relacionar esa información con una decisión concreta en el campo es lo que permite aprovecharla.
BeCrop® no se utilizó para predecir exactamente qué ocurriría durante la campaña. Permitió identificar una diferencia significativa en el riesgo de marchitez por Fusarium entre dos campos y aportó información adicional para decidir dónde utilizar los portainjertos resistentes.
El mismo principio puede aplicarse a otras decisiones de protección de cultivos. La información biológica del suelo puede considerarse junto con el historial del campo, el monitoreo, el conocimiento agronómico y otros datos al evaluar variedades y portainjertos resistentes, selección de campos, rotaciones y otras estrategias de manejo.
Si ya estás planificando tomar muestras de suelo después de la cosecha, incorporar un análisis biológico te permite contar con otro tipo de información para la próxima campaña.
Podemos pensar en la información del suelo a partir de tres dimensiones complementarias:
Ninguna de estas dimensiones cuenta toda la historia por sí sola. Juntas, permiten comprender mejor el sistema que estamos manejando.
El muestreo de otoño puede aportar mucho más que una medición de los niveles de nutrientes. También permite establecer una línea de base biológica que puede utilizarse para comparar resultados a medida que cambian las prácticas de manejo.
Los ejemplos del maíz y la sandía partieron de problemas muy diferentes.
El productor de maíz y su distribuidor buscaban información más precisa para orientar las recomendaciones de insumos. Los datos biológicos del suelo formaron parte de una estrategia que, en ese caso particular, permitió reducir el uso de nitrógeno y aumentar los ingresos.
El productor de sandías tenía una pregunta completamente distinta: ¿dónde convenía utilizar una cantidad limitada de plantas resistentes a Fusarium? La información sobre el riesgo biológico de enfermedades ayudó a diferenciar los dos campos antes de la siembra.
Distintos cultivos. Distintos desafíos. Distintas decisiones. Lo que ambos casos tienen en común es que BeCrop® permitió contar con información biológica antes de tomar una decisión de manejo.
Ese es el valor de incorporar la biología a los análisis de suelo. No se trata de recopilar más datos porque sí, sino de conocer una parte del sistema que tradicionalmente ha sido difícil de medir y convertir esa información en algo útil para la toma de decisiones.
Después de la cosecha, los productores ya tienen muchas cuestiones que evaluar. ¿Qué funcionó bien? ¿Dónde aparecieron problemas? ¿Qué es necesario cambiar? ¿En qué insumos conviene volver a invertir la próxima campaña?
El suelo puede aportar parte de la información necesaria para responder estas preguntas.
Los análisis tradicionales proporcionan información fundamental sobre las condiciones físicas y químicas. BeCrop® suma la dimensión biológica, aportando información sobre el funcionamiento del microbioma del suelo, el ciclado de nutrientes, el riesgo de enfermedades, el biocontrol natural, el crecimiento de las plantas, la adaptación al estrés, la biodiversidad y la salud biológica general.
Las preguntas serán diferentes para cada explotación agrícola, pero el punto de partida es el mismo: comprender mejor lo que sucede en tu propio suelo antes de decidir los próximos pasos.
Si ya estás planificando tomar muestras de suelo este otoño, aprovecha la oportunidad para conocer algo más que sus características químicas.
BeCrop® Test transforma el ADN microbiano del suelo en información agronómica que puedes utilizar junto con los datos del suelo y del campo que ya tienes, para tomar decisiones más informadas y específicas para cada campo.
Este otoño, obtén un 15 % de descuento en BeCrop® Test con el código SOIL15.